Parece ser que estoy teniendo un fin de año muy musical (^___^), ¿qué tal va el vuestro?

En otras ocasiones ya he hablado de Sam, un querido amigo mío que canta Jazz y es dueño de uno de los locales más encantadores y mágicos que hay en Tokyo: un pequeño restaurante en un sótano de Omotesando lleno de artísticas fotos de sus gatos y relojes de madera que no marcan la hora.

Conocí a Sam hace unos 8 años, cuando apenas llevaba unos meses viviendo en Japón. Los caprichosos lazos de este mundo me convirtieron en su profesora de español. El enorme corazón de Sam le convirtió en uno de mis mejores Amigos.

Cuando voy a su restaurante me siento como en mi segunda casa. Un pequeño rincón bohemio donde los pensamientos se hacen palabras y las buenas vibraciones fluyen hasta de los muebles, que, en silencio, escuchan nuestras historias.

Ayer por la noche Sam hizo un concierto secreto, “Sam’s winter secret live” sólo para los amigos, en su restaurante. Apenas cabíamos y compartíamos mesa con extraños, que pronto se convirtieron en camaradas.

A todos nos rodaron las lágrimas por las mejillas. Por muchos motivos diferentes, pero su música y la letra de sus canciones tuvieron algo de culpa…

La preciosa y aterciopelada voz de Sam es difícil de olvidar. Espero que os guste tanto como a mí.

Un beso a tod@s