Parece ser que estoy teniendo un fin de año muy musical (^___^), ¿qué tal va el vuestro?

En otras ocasiones ya he hablado de Sam, un querido amigo mío que canta Jazz y es dueño de uno de los locales más encantadores y mágicos que hay en Tokyo: un pequeño restaurante en un sótano de Omotesando lleno de artísticas fotos de sus gatos y relojes de madera que no marcan la hora.

Conocí a Sam hace unos 8 años, cuando apenas llevaba unos meses viviendo en Japón. Los caprichosos lazos de este mundo me convirtieron en su profesora de español. El enorme corazón de Sam le convirtió en uno de mis mejores Amigos.